Béjar es una ciudad con siglos de antigüedad, caracterizada siempre por una gran relevancia, importancia e influencia en aspectos económicos, defensivos, sociales, políticos, jurídicos y religiosos. Romanos, árabes, judíos y cristianos, todos pobladores de esta tierra, fueron escribiendo su historia a la vez que dejaban su huella. Población de realengo a lo largo de la mayor parte de la Edad Media, fue concejo, villa, tierra, señorío, ducado y, en nuestros días, ciudad por concesión de Isabel II. Alcanzo los títulos de muy noble, muy leal, liberal y heroica, títulos que aún conserva y que trata cumplir día a día. Muy noble, concedido por el Rey Alfonso IX reconociendo así la ayuda prestada durante la Reconquista de Extremadura en los primeros años del siglo XIII. Muy leal, otorgado por reina Isabel La Católica en agradecimiento a la participación en la conquista de Granada. Liberal y heroica, títulos que concedió, en tiempos de Isabel II, el Ministro de la Gobernación, Práxedes Sagasta, por la defensa de las libertades efectuadas por los bejaranos. Muy destacable es su Fuero. En el siglo XIII la villa ya contaba con su propio Fuero, normas por las que regia la comunidad, dando relieve a la población y constituyendo una garantía para sus habitantes ya que fijaba con claridad sus derechos, aseguraba la regulación de las conductas por la Ley y regulaba la convivencia de la ciudad en aquellos aspectos habituales y básicos. Se trataba de un fuero muy extenso que incluía además un conjunto de leyes destinadas a establecer el marco procesal y penal. Este importante documento se ha conservado a lo largo de los siglos. En la actualidad se encuentra en el Archivo Municipal de la ciudad, en buen estado de conservación y con asiduidad es objeto de estudio por su antigüedad e importancia. Quizás la mejor representación de la villa en la Edad Moderna se refleja en el cuadro del pintor italiano Ventura Lirios. Esta pintura del siglo XVIII es una panorámica de Béjar con sus murallas, calles, plazas, palacio, plaza de toros, iglesias, molinos, batanes, tinte, escaldadero, puentes, El Bosque y El Castañar…, y que resalta al detalle los edificios principales. En cuanto a su industria, y al margen de la actividad agrícola, ganadera y comercial, mantenida con laboriosidad a lo largo de su historia, Béjar consiguió en la Edad Moderna alzarse como una de las ciudades más avanzadas del oeste de España. • En primer lugar por protagonizar el proceso de la Reconquista más allá del Sistema Central hacia Extremadura a través de la Ruta de la Plata, eje de comunicaciones y de peregrinación, procediendo los habitantes que repoblaron los alfoces de Plasencia y Trujillo precisamente de nuestra comarca. Su situación estratégica y privilegiada, delimitando fronteras, fue un factor importante tanto para su economía como para su relevancia política y social. • En segundo lugar, por ser centro de un señorío primero, ducado después, que extendió sus dominios por buena parte de Castilla ( la Casa Ducal de los Zúñiga ) transformándose bajo su égida en una auténtica ciudad renacentista. No podemos olvidar que el nombre de la ciudad ocupa un lugar de absoluto privilegio en el libro de los libros, en la obra literaria más universal en lengua castellana, Don Quijote de la Mancha, dedicado al Duque de Béjar. • En tercer lugar, sufriendo grandes cambios sobre todo durante el siglo XIX a la llegada de la revolución industrial, siendo calificada Béjar como la Manchester Castellana por la relevancia de su desarrollo industrial textil ( hasta cinco mil personas trabajaban en la industrial textil bejarana con una producción superior al 10% de la producción nacional ). Ciudad con tradición lanera, que se remonta a la época medieval, fue evolucionando hasta completar, en el siglo XVIII, su proceso de especialización en producción de tejidos de lana, consiguiendo así gran relevancia a nivel nacional y convirtiéndose en un importante foco textil cuya producción superaba a la de las zonas industriales de Terrasa y Sabadell, incluso a la de las reales fabricas de Guadalajara-Brihuega e Igualada. La implicación de la Casa del Duque en la industria textil se remonta al siglo XVI, con la construcción del tinte ducal. También contaba con fábrica de paños propia y un batán. Desde el Ducado se potencio, mediante la firma de contratos, la producción de géneros de lana a través de artesanos extranjeros, principalmente flamencos, política que se mantuvo durante varios años; se prestó apoyo económico a fabricantes contribuyendo al arraigo y continuidad de las empresas; se intervino en la comercialización del producto y facilito el acceso a mercados importantes, se tramito la autorización real ( 1720 ) que permitió a los fabricantes de Béjar la apertura de lonja y almacén de paños en Madrid. Cabria destacar el importantísimo papel del Duque en la consecución por parte de la Compañía de Fabricantes de Béjar de una contrata para surtir a las Reales Guardias Valonas y Española, que profundizo una relación de la pañería bejarana con el ejercito de muy larga continuidad. Este florecer industrial contribuyo muy favorablemente en el ambiente cultural de la ciudad, creándose instituciones religiosas y culturales ( algunas aún en activo como el Casino Obrero), agrupaciones musicales y teatrales, grupos de tertulias, periódicos ( como La Victoria, La Locomotora o el Béjar en Madrid que lleva casi cien años difundiendo las noticias de la ciudad por toda la geografía española ), teatros ( como el Castilla o el Cervantes, actualmente de propiedad municipal, completamente restaurado y en pleno funcionamiento ) y otras formas de manifestación cultural y social, muchas de las cuales aún sobreviven. Mantener viva su historia, su costumbres, sus tradiciones y todo ese legado cultural a través de los siglos, reviviéndolos en la actualidad ha sido siempre y sigue siendo una de las prioridades de la ciudad y sus habitantes. BÉJAR Y LA RELIGIÓN A LO LARGO DE LOS SIGLOS La historia de esta ciudad no puede escribirse sin hacer referencia a su importante y amplio pasado religioso presente a lo largo de los siglos. Béjar, perteneciente ya al reino de Castilla y conquistada por los musulmanes, fue reconquistada por los cristianos. Se puede afirmar que en el año 1190 la villa ya estaba conquistada y repoblada y pasó a depender, eclesiásticamente del Obispado abulense, proporcionando a este un aumento de su zona de influencia así como de su poder. En 1223, por acuerdo confirmado por el Papa Gregorio IX, Béjar pasó a pertenecer a la Diócesis de Plasencia. Béjar constituyo Arciprestazgo, representado en la Catedral de Plasencia. Desde el siglo XIII el clero secular se agrupo en cabildos menores con facultad y autonomía para legislar y reglamentar la vida en comunidad. Se conoce la existencia de dos cabildos menores: la Universidad de clérigos de la Villa y el Cabildo de Clérigos del Cuarto de Arriba de la Tierra de Béjar. El cabildo de clérigos de la villa de Béjar, instituido muy probablemente en 1229, agrupaba a todos los clérigos de esta. El Obispo Domingo I les confirmo sus primeros estatutos y les concedió la administración de la ermita de Santa María de las Huertas ( desaparecida ) así como les señalo los derechos diezimales que debían pagar. Este cabildo tuvo una presencia destacada durante la Edad Media. Lo demuestra el gran número de iglesias y ermitas existentes en dicha época así como la concesión de importantes privilegios por parte de los monarcas, sobre todo como respuesta al compromiso adquirido por los clérigos de celebrar aniversarios por los Reyes. Así Alfonso X eximio al cabildo del pago de contribuciones ( 1278 ) y les concedió el derecho de poder juzgarse con independencia del Concejo ( 1276 ). Las franquezas y libertades fueron confirmadas por Sancho IV ( 1285 ) así como por Fernando IV ( 1301 ) y por Alfonso XI ( 1330 ). Los Reyes Católicos también ofrecieron su apoyo a los clérigos de la Villa de Béjar dispensándoles del pago de alcabalas a iglesias y monasterios. De esta manera los clérigos bejaranos se equiparon a los caballeros, constituyéndose en los dos grupos de poder de la villa hasta que Béjar se concedió en señorío a los Estúñiga. El Cabildo de Clérigos del Cuarto de Arriba de la Tierra de Béjar fue un ejemplo de hermandad de clérigos rurales en el que se encontraban agrupados todos los clérigos de los pueblos y aldeas situados al norte de la Tierra de Béjar con iglesias fundadas y su Regla primigenia fue redactada el día 8 de septiembre de 1234. Si bien muchos de los cabildos menores desaparecieron tras el concilio de Trento de 1563, el cabildo de clérigos de Béjar logró sobrevivir gracias a la gran influencia de los Duques de Béjar. Se sabe que también sobrevivió del Cabildo del Cuarto de arriba, aunque se desconoce hasta que fecha. Tanto los sínodos diocesanos como el Fuero y los estatutos de los respectivos cabildos nos permiten conocer la importancia de estos así como acercarnos a lo que fueron la vida y costumbres del clero de la Tierra de Béjar, desprendiéndose que tenía un nivel cultura medio-alto, cumpliendo lo establecido por Alfonso X y en los Concilios de Valladolid de 1228 y en los de Letrán III y IV. También, durante la Edad Media, el clero regular estuvo presente, muy posiblemente, con tres conventos, uno de monjes franciscanos, uno de monjas Isabeles, denominadas de la Anunciación y otro del que solo se sabe que desapareció en 1541. El patrimonio arquitectónico medieval de mayor entidad, después de las fortificaciones, lo constituye la arquitectura religiosa cristiana dominante, en ausencia de restos fiables de edificios de índole similar en la ciudad. La necesidad de edificios de identidad, culto y organización dio lugar a la creación de un total de diez parroquias, seis de ellas intramuros y las restantes extramuros. Hacia la segunda mitad del siglo XVI se preciso reducir el número de parroquias a tres, Salvador, Santa María y San Juan Bautista, prevalecieron sobre el resto al ser estas las que contaban con mayor feligresía. Así mismo estas tres iglesias mantuvieron, en su totalidad, todos sus privilegios. En la actualidad persisten dedicadas plenamente al servicio religioso. Aunque con escasa actividad religiosa, la iglesia de Santiago o de La Antigua, también ha prevalecido a lo largo de los siglos, así como parte de la Iglesia de San Gil ( torre y ábside ). También cabe destacar el elevado número de ermitas construidas en el periodo posterior a la repoblación de la villa: Santa Marina, Santa María de las Huertas, Santa María del Monte, Nuestra señora del Castañar, Santa Ana, La Magdalena, San Lázaro, San Luis y Santa Lucia. De este conjunto de ermitas tan solo dos, Nuestra Señora del Castañar y Santa Ana, han llegado a nuestros días. De las tres fundaciones reglares que tuvo Béjar solo una es de origen medieval, el Convento de San Francisco. En la actualidad este antiguo edificio franciscano sirve de utilidad al ocio y la cultura como Centro Municipal. La edad moderna no abandonó la creación de nuevos templos. La iglesia de El Pilar y San José, la de San Miguel, la capilla de San José o Los Praos, las de las pedanías de Fuentebuena y Valdesangil, la del barrio de Palomares y la iglesia pública de la Residencia de Ancianos Desamparados son ejemplo de ello. Asimismo es reseñable destacar la presencia de varias piezas artísticas en nuestras iglesias. No en vano algunas de ellas han estado expuestas en distintas ediciones de “Las Edades del Hombre” como es el caso del Cristo yacente atesorado en la iglesia de Santiago de Béjar, así como el Busto de la Dolorosa de la iglesia de San Juan Bautista de Béjar en la de Soria 2009. También es interesante conocer que los talleres de Las Edades del Hombre han realizado diversos trabajos de restauración en parroquias de Béjar y comarca como los efectuados en la iglesia de San Juan Bautista de Béjar (retablo de la Virgen del Carmen, tallas de San José y San Juan Bautista), parroquia de Valdesangil y otras. LOS DUQUES DE BÉJAR Y SU PAPEL EN EL PASADO RELIGIOSO DE LA CIUDAD. Sin duda cabe destacar la importancia, apoyo y colaboración que los distintos Duques de Béjar, desde que la villa les fuera concedida en señorío, brindaron a la religión católica así como las buenas relaciones que en general existieron durante siglos. Colaboraron económicamente al mantenimiento de la iglesia así como a la mejora y reforma de sus templos y conventos. Varios fueron los conventos que coexistieron bajo la protección y el mecenazgo del Ducado. Por ejemplo, durante el Siglo XVIII, el Convento de San Francisco ( fuera del recinto amurallado y uno de los más antiguos ), el de las monjas terciarias franciscanas de la Virgen de la Asunción ( del que no quedan restos al haber sido desamortizado ) y el de las monjas dominicas o de la Piedad ( fundado en el siglo XVI por la segunda esposa del Duque Francisco II y ubicado en un antiguo palacio ducal de verano, hizo además las veces de panteón ducal. También la desamortización llevo al abandono del edificio y a la perdida de parte de sus riquezas ) son buen ejemplo de ello. Los Duques contaban, además, con la significativa importancia que el propio Consistorio de la época daba a la religión. De entre las principales preocupaciones en materia religiosa compartían con el Ducado su interés por exaltar la Procesión del Corpus. También su preocupación y empeño de que los sacristanes asumieran eficientemente la tarea de catequizar a los niños y de que los maestros infantiles fueran examinados por el vicario sobre el conocimiento de los aspectos fundamentales de la religión católica a fin de asegurar una adecuada formación religiosa en las escuelas. EL CORPUS CHRISTI Y OTRAS MANIFESTACIONES RELIGIOSAS En la actualidad todo este importante y amplio pasado religioso prevalece de forma muy patente en la ciudad, si bien podemos destacar con gran importancia la solemne Procesión del Corpus Christi, existente en Béjar desde el siglo XIV y alentada y protegida, como ya se ha mencionado, por los Duques de Béjar y los diferentes Gobiernos del consistorio a lo largo del tiempo y que se manifiesta, en nuestros días, en todo su esplendor. Instituida en 1263 por el papa Urbano IV, fecha sus inicios en Béjar 1397. Las descripciones más antiguas de la procesión halladas ya expresan la participación de toda la ciudadanía, sus estamentos y sus gremios en tan importante evento. Declarada en principio Fiesta de Interés Turístico Regional, es también, desde 2009, Fiesta de Interés Turístico Nacional, tanto por su contenido religioso como por la presencia de una figura, el Hombre de Musgo que, a medio camino entre lo sacro y lo profano, la leyenda y la historia, escolta sorprendentemente al Cuerpo de Cristo por las calles de la ciudad, sobre alfombra de tomillo, bendecida al paso de la procesión. Esta ciudad trato de mantener siempre vivo el recuerdo y la tradición de la Reconquista. Se construyo una ermita conmemorativa en la finca de La Centena, bajo la denominación de ermita de Santa Marina ( desaparecida ) al afirmar algunas versiones que los hechos sucedieron en el día dedicado a mencionada santa . El Hombre de Musgo, según la historia para algunos y la leyenda para otros, clave en el proceso de reconquista bejarana, apoderamiento de la ciudad y expulsión de los musulmanes ( se cuenta que los cristianos bejaranaos se reunieron en lo que actualmente se llama finca de "La Centena" donde recubrieron sus ropas y armas con musgo, y así pudieron bajar hasta Béjar, en la oscuridad de la noche, sin ser vistos por los musulmanes y reconquistar la ciudad ), siempre estuvo presente en la celebración anual del recuerdo de la hazaña hasta que en el siglo XIV esta celebración se fundió con la celebración del Corpus Christi. Si bien toda la comunidad religiosa de la ciudad se implica y contribuye de una forma u otra en la celebración del Corpus, es la Real Abadía del Santísimo Sacramento, heredera de la Esclavitud del Santísimo Sacramento fundada en 1616, es en la actualidad la encargada de organizar los actos religiosos del Corpus y así como la procesión, que parte de la iglesia de Santa María previa celebración de la Santa Misa y sorprendente repique de campanas. En ella se dan cita todos los colectivos, instituciones y cofradías religiosas de Béjar (Comunidad Salesiana, Amantes de Jesús, Hermanitas de los Ancianos Desamparados, Adoración Nocturna, Cofradía de la Virgen del Castañar, de la Vera Cruz…), que abanderados, acompañan al Santísimo en su recorrido por la ciudad para, al finalizar la procesión, rendir ante el Santísimo. También un representante de la Corporación Municipal acompañado de dos Hombre de Musgo, rendición que en la antigüedad le estaba reservada al regidor de la ciudad. Expectante, la Corporación acompañada por los Hombres de Musgo espera la llegada del Santísimo en una plaza cercana a la Iglesia de Santa María, la Plaza de San Juan Bosco, para unirse y acompañar al Santísimo en su largo recorrido por diversas calles de la ciudad. Todos los niños y niñas que anualmente reciben el Sacramento de la Primera Comunión también son parte importante en esta celebración y acompañan a la procesión, procesión que finaliza en la Plaza Mayor, lugar donde se encuentra ubicada la Iglesia del Salvador y que sirve de marco imponente para la rendición ante el Santísimo. Este, presidiendo el acto en la parte alta de la escalinata de acceso a la iglesia, junto a las autoridades eclesiásticas y franqueado lateralmente por estos niños y niñas de comunión, que se colocan a lo largo de dicha escalinata, previamente decorada con esmero, se prepara así para recibir las rendiciones, una de las estampas más emotivas del acto. Tal es la importancia de la Festividad del Corpus en la ciudad, que los actos religiosos y culturales que se organizan alrededor de la celebración de la procesión son cada vez más numerosos y relevantes, destacando la recuperada celebración de la Octava del Corpus. Los preciosos y laboriosos altares de las distintas cofradías y hermandades colocados al paso de la Procesión, los miles de pétalos de rosa que se lanzan a su paso, las cestas de flores y banderas que cuelgan de los balcones, la mejora del acto y la exaltación del Corpus Christi hacen que año tras año sean cientos, si no miles, los visitantes que acuden a la ciudad a celebrar y compartir con los bejaranos este acto de religiosidad. Quizás el Corpus bejarano sea el más importante de cuantos se celebran en nuestra comunidad ya que no comparte con ninguna otra ciudad castellano-leonesa la Declaración de Fiesta de Interés Turístico Nacional concedida a este acto religioso. Y quizás también es uno de los Corpus más destacados y significativos de toda España. Prueba de ello es la cada vez mayor presencia de prensa internacional que año tras año acude a nuestra ciudad para informar, divulgar y vivir en primera persona nuestro Corpus. Por todo esto, bien podría ser este el tema sobre el que versará la exposición que se está solicitando. Pero no podemos dejar de lado la Semana Santa bejarana que se ha ido consolidando con el paso del tiempo, adquiriendo una relevancia religiosa y turística que no hace sino acrecentarse con el paso de los años. Béjar cuenta con una Cofradía y dos Hermandades: la Cofradía de la Santa Cruz, cuya fundación se remonta a 1411 y cuya presencia en los actos religiosos de la ciudad se hace visible y patente, sobre todo durante la Semana Santa y la Procesión del Viernes Santo, donde se sacan a la calle unos 7 pasos procesionales; la Hermandad de Nuestro Padre Jesús Nazareno y Nuestra Señora de las Angustias, con 25 años de antigüedad, y la Seráfica Hermandad del Divino Salvador en su Pasión y Nuestra Madre Dolorosa, de creación más reciente, pero no por eso menos significativa. La tradicional Romería de Nuestra Sra. del Castañar, patrona de Béjar y comarca, tiene lugar, año tras año, el día 8 de septiembre y se remonta al año 1446, año de la aparición de Nuestra Señora ante Joaquín e Isabel, jóvenes pastores del pueblo cercano de La Garganta. La solemne misa, que se celebra fuera del Santuario, en la denominada Plaza de Los Tilos inicia el acto. A su finalización se procesiona por el incomparable marco de El Castañar al objeto de que la Virgen, desde el mirador que lleva su nombre, bendiga a Béjar y su comarca. En el mirador se rezan salmos para finalizar con el himno a la Virgen interpretado por la Banda Municipal de Música y acompañado con cánticos de todos bejaranos. Después, la virgen vuelve a ser procesionada hasta subir de nuevo al santuario portada por miembros de las peñas bejaranas. Esta festividad viene precedida por la tradicional novena a la que diariamente acuden miles de bejaranos. La Cofradía de Nuestra Señora del Castañar, organizada a raíz del hallazgo de la Virgen en 1446, junto con los Reverendos Padres Teatinos, moradores y cuidadores del Santuario desde 1946, son los encargados de la organización de este acto. El día 9 de mayo, festividad de San Gregorio, en la ermita de Santa Ana se rinde culto al santo; saliendo en procesión y rememorando su intercesión en tiempos de las plagas de los campos. Durante el recorrido de la procesión los niños, junto con el Santo son los protagonistas y portan ramos adornados con lazos y rosquillas. Una de las rosquillas se coloca en el brazo de la imagen. Por la tarde tiene lugar la rifa de un cordero -el cordero de San Gregorio- entre los asistentes. Desde hace 400 años en Béjar se celebra la festividad de San Blas fiesta que se reduce a la bendición de las cintas, que según la tradición se colocan en la garganta con la creencia de que así estará protegida de posibles afecciones. El miércoles de ceniza, cuando se retira esta cinta debe ser quemada. El amanecer del día 24 de junio trae consigo la celebración de San Juanito y el griterío de chiquillos, alegres sus ojos y prontas sus manos para alzar hacia el cielo el arco más bonito de Béjar. Los planes trazados jornadas antes se siguen a rajatabla o se introducen mejoras sobre la marcha. Familiares y niños, padres y madres, abuelos y nietos, unen voluntades, trabajan codo a codo. Lo primero, una mesa, trasunto de altar, con su imagen respectiva de San Juan Bautista, llamado ese día cariñosamente por “San Juanito”; luego la estructura de hierro, metal o lo que sea que sirva para sostener la hiedra y el verde, cuanto más frondoso mejor; y, por último, imaginación: profusión de cadenetas de colores, globos, flores, alfombras de flores, panes y uvas, un cordero de verdad, manteles bordados, mantillas, cualquier cosa con tal de llamar la atención del transeúnte. Y, una vez confeccionado el arco a primera hora de la mañana, es hora de que los críos con su cantinela característica de “una pesetita para San Juanito” se lancen a asaltar al transeúnte bandeja o cestillo en mano. Ante la frase petitoria habitual es tradición que el dadivoso ciudadano responda reticente “San Juanito no come” y los niños a coro repliquen “Sí, pero gasta calzones”, consiguiendo la recompensa debida en forma de tintineantes y brillantes monedas, invertidas más tarde, una vez repartidas entre los niños adscritos a cada arco, en chucherías. Un jurado recorre uno por uno cada arco- altar, valorando imaginación y predominio de los elementos naturales, tiempo y simpatía, poniendo una nota numérica. El veredicto se emitirá por la tarde, una vez que los arcos, parte de una arquitectura efímera y volátil, desaparezcan a la hora del almuerzo. La tradición de los Arcos de San Juanito ha podido ser rastreada en la prensa local y sabemos que proviene de finales del siglo XIX. Desde entonces se ha mantenido casi inalterable a lo largo del tiempo. La costumbre estuvo en trance de desaparecer tras la Guerra Civil, aunque continuó en barrios aislados. En 1966 el párroco de San Juan Bautista, don Carlos Muñoz, hizo un llamamiento en los periódicos para recuperar la tradición y en 1969, gracias a la colaboración de la empresa “Carbónicas Molina”, se vuelven a retomar los arcos. Desde entonces la fiesta se celebra por el apoyo desinteresado de Molina, la parroquia de San Juan y el ayuntamiento de Béjar. El 17 de enero, día de San Antón comienza en Béjar con una misa en la Parroquia de Santa María, acto seguido se procede a la procesión y finalmente se bendicen todos los animales que hasta allí han sido llevados por sus dueños. Por la tarde, al igual que otras fiestas, gira en torno a la gastronomía, por lo que es típico reunirse en grupo para degustar la tradicional mantelada y el chorizo, por eso este día, en Béjar, también se conoce con “el día del chorizo”. El día 29 de septiembre se celebra la onomástica de San Miguel Arcángel, al que La Iglesia Católica considera como patrono y protector de la Iglesia Universal, por lo que es muy común que a su vez sea patrón de muchos municipios. Todos los años del 25 al 29 de septiembre Béjar celebrará sus ferias en honor a San Miguel con un extenso programa lleno de actividades, teatro, la tradicional feria de ganado y, por supuesto, actos religiosos en su honor. La Romería de la Peña de la Cruz, fiesta primaveral, se celebra el martes de Pentecostés, por lo que mantiene un calendario variable. A las nueve de la mañana, los romeros se citan en la puerta de entrada del parque municipal, dispuestos para subir andando hasta el paraje de la Peña de la Cruz, junto con el sacerdote, el tamborilero, los cofrades y el abad de la cofradía de la Vera Cruz que media hora antes han partido desde la Iglesia de San Juan. Llegando a Llano Alto se parte en ascenso por el llamado camino de los Registros hasta llegar a la cruz de hierro que preside el monte y que recibe el nombre de la Cruz del Peladillo, y se procede al reparto de algunas viandas para reponer la energía gastada. Se finaliza la romería en la gran cruz de piedra que se sitúa en el mirador y después del descanso se celebra la tradicional misa, una vez concluida, los curas se acercan a la gran cruz para realizar la bendición de los campos con un acto breve y sencillo. Finalizados los actos más religiosos da comienzo la fiesta, con baile de tamboril en toda la llanura hasta la hora de comer, que se realiza en familia o entre amigos y se continua con la fiesta hasta llegada la noche. En otros tiempos se continuaba la fiesta en el Castañar y luego se bajaba al baile del barrio de la Antigua hasta altas horas de la madrugada. Otra Romería importante es la de los Paporros. El franciscano Fray Francisco Yagüe en su “Historia de la Imagen de Nuestra Señora del Castañar” publicada en 1795, narra la aparición y hallazgo de Ntra. Sra. del Castañar basándose en un legajo titulado: “Aparición de la Virgen del Castañar según los manuscritos que tenía el señor don Francisco Pérez de Sotomayor, capellán del Excmo. Señor duque de Béjar don Francisco, los cuales recogió el señor don Diego de Silva en 1671”. Cuenta como en el año 1446 apacentando ganado en los montes de Béjar Joaquín López, natural de La Garganta, en compañía de su mujer Isabel Sánchez tras una serie de sucesos inexplicables descubrieron la imagen a los pies de un gran castaño que en varias ocasiones sirvió de refugio para su ganado. A los nacidos en el cercano pueblo de La Garganta se les denomina “Paporros” (la garganta tiene popularmente el mismo significado que "papo" o "papada"). Desde su aparición, el lunes de Pentecostés, los “Paporros” parten en romería hasta el santuario para celebrar su fiesta en honor a la Virgen del Castañar. Esta romería comienza cuando el pueblo se levanta al oír el tamboril y las herraduras de los caballos por las calles del pueblo. Los jinetes se reúnen en la puerta de la iglesia para, más tarde, ir a una explanada donde el cura los bendice en su camino hasta llano alto. Todos juntos recorren el camino que les separa del Santuario a través del monte para llegar sobre las 11 de la mañana al paraje de Llano Alto donde se exhiben las caballerizas y bajan continuando en romería hasta la última vuelta antes de llegar al Santuario, lugar donde el alcalde de Béjar les espera para proceder al cambio de varas (tradicional acto consiste en que el alcalde bejarano cede su vara de mando al alcalde de La Garganta) y una vez realizado el traspaso de poderes parten todos al santuario donde se celebra la misa. Al salir de la misa, todos los Paporros comen en familia y posteriormente se celebra otra misa a la que se le denomina "la despedida". Finalizados estos actos los Paporros parten hacia el corral de los lobos para seguir allí la fiesta.